Sasaki Sadako y la verdad sobre las mil grullas de papel
- La niña de Hiroshima que convirtió mil grullas de papel en un símbolo de paz
- Ayer
- Por: Ramiro Gómez
Sasaki Sadako (佐々木禎子) tenía apenas dos años cuando la bomba atómica fue lanzada sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945. Sobrevivió a la explosión y durante casi una década creció aparentemente sana, pero las consecuencias de la exposición a la radiación terminaron alcanzándola años después.
Su historia quedó vinculada para siempre con las grullas de papel y con la creencia japonesa de que quien logra doblar mil puede ver cumplido un deseo. Sin embargo, uno de los aspectos más conocidos de su vida fue contado incorrectamente durante décadas: Sadako sí completó las mil grullas y continuó doblando muchas más.
Nació el 7 de enero de 1943 en Hiroshima. La mañana del bombardeo se encontraba en la vivienda familiar, situada aproximadamente a 1,6 kilómetros del hipocentro, junto con su madre, su hermano mayor y su abuela.
La explosión destruyó gran parte de la casa. Sadako y su madre lograron escapar sin heridas externas graves, pero durante la huida quedaron expuestas a la llamada lluvia negra, una precipitación contaminada con hollín, polvo y materiales radiactivos que cayó sobre distintas zonas de Hiroshima después de la detonación. Su abuela regresó a la vivienda y nunca volvió.
Durante los años siguientes, Sadako creció como una niña activa y aparentemente saludable. Le gustaban los deportes, destacaba por su velocidad al correr y formó parte del equipo de relevos de la Escuela Primaria Noborichō.
A finales de 1954 comenzó a sentir cansancio y mareos, además de presentar inflamaciones en distintas partes del cuerpo. El 16 de febrero de 1955 fue diagnosticada con leucemia linfocítica subaguda, una enfermedad que durante la posguerra llegó a ser conocida entre parte de la población como la “enfermedad de la bomba atómica”.
Los médicos comunicaron a su padre que probablemente le quedaban entre tres meses y un año de vida. Sadako fue internada en el Hospital de la Cruz Roja de Hiroshima, donde permaneció durante aproximadamente ocho meses.
En agosto de 1955, estudiantes de secundaria de Nagoya enviaron miles de grullas de celofán a pacientes afectados por la bomba atómica. Algunas llegaron a la habitación donde se encontraba Sadako.
Allí escuchó la creencia según la cual una persona que dobla mil grullas de papel puede ver cumplido un deseo. Sadako comenzó a fabricarlas con la esperanza de recuperarse, regresar a casa y continuar con su vida.
El papel era escaso, por lo que utilizaba cualquier material que encontraba: envoltorios de medicamentos, papeles de caramelos, hojas de cuadernos y pequeños fragmentos que sus familiares y compañeros recogían para ella. Algunas grullas eran tan diminutas que necesitaba ayudarse con una aguja para completar los pliegues.
Una compañera se ofreció a doblarlas en su lugar, pero Sadako respondió que debía hacerlas personalmente para que su deseo pudiera cumplirse.
Durante años se difundió internacionalmente que murió después de completar solamente 644 grullas y que sus compañeros hicieron las 356 restantes para alcanzar las mil. Sin embargo, esa versión no coincide con los testimonios de su familia, de personas que compartieron habitación con ella ni con la información oficial conservada en Hiroshima.
Una paciente que doblaba grullas junto con Sadako afirmó que ambas completaron las primeras mil en menos de un mes. Después de alcanzar esa cantidad, Sadako comenzó una nueva serie y continuó trabajando mientras su salud se deterioraba.
Su hermano, Sasaki Masahiro (佐々木雅弘), explicó posteriormente que las primeras mil estuvieron relacionadas con el deseo de recuperarse. Cuando terminó aquella serie y comprendió que su estado no mejoraba, extendió sus deseos hacia la salud, el bienestar y la situación económica de su familia.
La ciudad de Hiroshima señala que Sadako hizo más de mil grullas. Su familia calcula que pudo haber doblado alrededor de 1.600 durante los meses que permaneció hospitalizada.
No existe un inventario realizado en aquel momento que permita establecer una cifra completamente exacta. Algunas fuentes japonesas mencionan cantidades diferentes, pero los testimonios coinciden en el punto esencial: Sadako completó las mil y siguió haciendo más.
La cifra de 644 se popularizó principalmente mediante adaptaciones literarias extranjeras, especialmente el libro infantil Sadako and the Thousand Paper Cranes, publicado en 1977 por la escritora Eleanor Coerr. La obra ayudó a difundir su historia por numerosos países, pero modificó algunos hechos para construir una narración literaria que terminó siendo repetida como si fuera una biografía exacta.
Durante sus últimos meses, Sadako sufrió fiebre, inflamación, dolores de cabeza y un deterioro progresivo. Aun así, sus familiares y amigos recordaron que rara vez se quejaba y que intentaba no preocupar a quienes la visitaban.
Murió la mañana del 25 de octubre de 1955. Tenía 12 años.
Tras su fallecimiento, sus compañeros comenzaron a buscar una manera de recordarla. Muchos también habían sobrevivido a la bomba y sabían que podían desarrollar enfermedades similares años después.
La propuesta inicial de crear un monumento dedicado a Sadako terminó convirtiéndose en un proyecto para recordar a todos los niños que murieron durante el bombardeo o por sus consecuencias posteriores. Estudiantes de miles de escuelas japonesas participaron en la recaudación de fondos.
El Monumento a los Niños de la Bomba Atómica (原爆の子の像) fue inaugurado el 5 de mayo de 1958 en el Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima. La estructura está coronada por la figura de una niña que sostiene una grulla. Sadako fue su principal inspiración, pero la obra está dedicada a todos los niños que perdieron la vida por la bomba atómica y sus efectos.
Décadas después, personas de Japón y de numerosos países continúan enviando grullas de papel al monumento. Algunas de las que Sadako dobló personalmente también fueron preservadas por su familia y posteriormente donadas a museos e instituciones vinculadas con la memoria de la guerra y la paz.
Sadako no fue la única niña que murió por los efectos tardíos de la bomba. Su historia adquirió una dimensión internacional porque permitió comprender que las consecuencias de la explosión no terminaron el 6 de agosto de 1945. Muchos sobrevivientes que parecían haber salido con vida desarrollaron años después leucemia, cáncer y otras enfermedades relacionadas con la radiación.
Su historia real no es la de una niña que murió antes de completar su objetivo. Sadako alcanzó las mil grullas y siguió doblando, incluso cuando su deseo de recuperarse no se cumplió.
Las grullas no detuvieron la enfermedad, pero permanecieron como parte de la memoria de una niña de Hiroshima que quería regresar a casa, correr nuevamente con sus compañeros y continuar una vida que terminó cuando apenas tenía 12 años.
Etiquetas: Hiroshima, Japón, Sasaki Sadako, internacional, mil grullas, papiroflexia, paz
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